CINCUENTA Y TANTOS, LA BODA.


LA BODA.


Si te invitan a una boda a los veinte años puedes llevar un saco de arpillera que vas mona y marcas tendencia. A otras edades, se complica la cosa.

Después de varios intentos de hacer dietas, echas de menos el corsé de Scarlatta O´Hara y asumes que es la hora de la FAJA.

Así que vas a la lencería en busca de una solución digna y la primera en la frente. ¿Una faja tanga?.¿Eso existe?. Tantos años preguntándome el sentido de la existencia y ahora me pregunto el de la faja tanga.

En fin, existiendo otros "remedios", sales de allí con algo que jamás debe de ver un hombre. Ni en el tendedero.

Solucionado lo más importante, quedan pequeños detalles. 

Teniendo en cuenta que la madrina es la diosa de la elegancia, tampoco tienes mucha elección.

Pero LA ROPA HONRA EL ACTO. 

Decides por primera vez en tu vida que un tocado animará la sencillez del vestido. Si de algo sirve la edad es que las orejas, esas orejas que Dios me dió, ya no me importan. Así que ...

LEMA: Que la sonrisa sea mayor que las orejas. Y así, a riesgo de que la sonrisa sea exagerada y los demás invitados crean que eres idiota , apareces en la boda más maravillosa que puedas imaginar.


Firmado: Esther Cereijo Ruiz.

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